lunes, 22 de noviembre de 2010

AMINETU HAIDAR, LA LIBERTAD DE OJOS NEGROS

AMINETU HAIDAR, LA LIBERTAD DE OJOS NEGROS

 22 de noviembre de 2010.

Cuando te conocí, hace ahora todo ese tiempo, ya intuí que tu presencia y  tu voz inmensamente serena eran eslabón duro que unía  la cadena de la lucha de mi pueblo amigo, el pueblo saharaui.

Hay momentos  en la vida, normalmente muy pocos, en donde tenemos la suerte de encontrar a alguna persona realmente mágica. Lo sabes porque cuando hablas con ella, cuando escuchas lo que dice, cuando miras sus ojos, sabes que algo trascendental está sucediendo, que debes aprovechar al máximo esa experiencia, que será irrepetible y  que dejará como sea, donde sea, una huella.

Eso me ocurrió a mí cuando entraste silenciosa en aquel despacho oficial y yo te reconocí como lo que eras, una persona muy importante.

Nunca me olvido de tus ojos, porque en ellos me iba yo refugiando  a medida que tú en esa lengua bonita vuestra me hablabas de lucha, de represión, de resistencia y te hacías por momentos más fuerte, más poderosa y más digna.

Cuando te conocí, Aminetu Haidar, ya tuve miedo por ti. Una vida en  libertad se hacía transparente en tu mente, en tus palabras y en tu cuerpo y enseguida supe que nada ni nadie borraría ese anhelo de tu esencia.

Siempre he entendido  que tu melfa es la melfa que envuelve a todas ellas y  que tus ojos miran a través de los de ellas…mis amigas…las mujeres de los campamentos de Tinduff. Las conocí mientras intentaba rescatar del recuerdo una marcha verde de la historia de opresión de los pueblos del mundo. Y fueron ellas las que me hablaron de ti. Desde entonces conocerte y seguir tu caminar ha sido testigo de mi apoyo a tu causa, la libertad del pueblo saharaui.

Hace un tiempo escribí esta carta, temiendo por tu vida, en el momento de una huelga de hambre que te mantuvo en las puertas de un lugar absurdo de silencios y parálisis.

Hoy, tengo mucho más miedo. Ya no están  cerca vuestros ojos negros y me va impregnando la quietud de este mundo entero, que se venda y no hace nada. Ningún movimiento.
  
Aminetu Haimar, haz conmigo un brindis a tu viento del desierto, por esos tres tragos suaves, amargos y dulces que  saltan  de vaso en vaso lejos del dolor, la totura y la muerte.

Un brindis a tu viento del desierto…por las estrellas que iluminan las noches de todos lo tiempos.

Estaremos aquí.....no nos moveremos.

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